lunes, 13 de noviembre de 2017

Esa tierra mía

Tal vez no nací allá, pero he tocado esa tierra y la he sentido en cada uno de los poros de mi piel. Los olores de pueblo sureño enclavado en las grandes y hermosas montañas cafetaleras, las nubes que despiden su refrescante lluvia de vez en vez, sus verdes caminos llenos de rojos y pequeños frutos dulces, las cigarras y mariposas en junio, tan parecidos a los niños enramados en diciembre, ruidosos y cándidos a la vez. Tal vez no nací allí, pero ahí recibí mis primeros atoles, mi taco de maíz y frijoles, allí en un pedazo de tierra disfrute de la leche materna y la vacuna, rodeada de caliente café. Ahí en los brazos fuertes de mi tío Eusebio me sentí protegida y mimada por los verdes ojos de mi tía Tella. Esa poderosa tierra te llama y te enraíza porque es parte de la fuerza de mi madre, de la fe de mi abuela y de la esperanza de mi familia. Esa tierra con sus sinuosos caminos que produce gente buena, gente trabajadora, gente con olor a café.

No hay comentarios:

Publicar un comentario