En ese momento el sol cegaba sus
ojos y era necesario mantenerlos cerrados, ese sol fuerte, radiante, abrazador,
que tocaba cada poro de su piel expuesto. Ella con uno de esos trajes de baño
que nunca se había atrevido a usar, ahora exponía no solo su cuerpo sino su
alma al viendo caribeño. Sus pies tocaban la caliente arena, la blanca arena,
en este momento ella entendió que la vida te da estas pequeñas oportunidades de
creer y ser feliz.
El mar era testigo de este
momento y la hacía participe de su grandeza a través de la briza que se colaba hasta
su alma. El mar, inicio y final de la vida le aguardaba para ser su última
morada. En ese momento ella simplemente se levantó y levitando avanzó
lentamente hasta sentir el agua que removía la arena de su piel, pronto sintió el
poderoso abrazo de las olas que le daban la bienvenida.
La mejor forma
de dejar este mundo terrenal era sintiendo la infinita felicidad que puede darte
el mar en calma. Y sus cabellos se enredaron con las olas, su cuerpo se dividió
en mil burbujas más una y su corazón se volvió coral. Ella se hizo una con el mar
donde existió hasta el final de los tiempos.
Azul