miércoles, 6 de noviembre de 2019

Su delgada silueta...

Su delgada silueta, la juventud de su frente, los ojos cansados por las jornadas pero con una claridad inmensa. Sus delicadas formas rematadas en una cintura apretada, sus cabellos ondulados enmarcando una sonrisa esquiva. Ella se recreaba gustosamente con su presencia e imprimia cada detalle en su memoria. Al menos en el pensamiento podría recorrerle sin vergüenza alguna, cada espacio en la piel, cada palabra pronunciada. Él ya era parte de su imaginario, de infinitos mundos dónde sería prosa y poesía al mismo tiempo, dónde le adoraría sin remordimientos. 

miércoles, 9 de octubre de 2019

Un sueño de mi madre

Las gotas de rocío recorren alegres, al compás del viento, los verdes caminos que llevan a todos lados partiendo desde la casa. A pesar de la oscuridad sé que esas gotas se mueven porque han tocado mi cara, y refrescan está hermosa noche. Si uno se queda callado un momento, puede escuchar a los grillos y las cigarras, pero también las pláticas. Doña Esther ha decidido cenar afuera, en una gran mesa al lado de algunos de sus hijos y sus nietos. Se le escucha feliz, dando algunos consejos sobre la importancia de secar el café antes de que la lluvia haga estragos, además da algunas indicaciones sobre comprar algunos guajolotes para su santo. Ella hará su tradicional mole, y como todos los años, llegarán sus hijos e hijas con sus familias, comadres, vecinas y todo aquel que se sienta allegado a ella. Por su oficio de partera, yerbera, vendedora y ama de casa, mucha gente la conoce y seguro querrá pasar a saludarla y darle el abrazo. Ella ya tiene una lista hecha: además de los guajolotes, hay que sacar la enorme cazuela para lavarla, comprar chile y chocolate, porque está vez no quiere que sea tan picoso, pa' que los niños también coman.
La conversación continua, mientras la luna se sitúa en lo alto del cielo, me he quedado en la puerta contemplando el momento, de pronto me interrumpe el sonido de las brasas, los frijoles chorrean, debo atizar la lumbre para calentar el café y luego unirme a la mesa junto a doña Esther.
Por la vereda se acerca Bertha con su enorme sonrisa cargada con un poco de leña, la siguen un par de chiquillos de rostros alegres, todos quieren cenar. La cocina se llena de anécdotas, mientras afuera la mesa retumba de carcajadas, pronto todos nos vamos a descansar y la tan ansiada plática con Esthercita ya será para mañana.

martes, 8 de octubre de 2019

Imaginarios...

Apretujada entre lámina y carne, sudores y humores impregnan un día frío, con una sonrisa en la boca se la ve en una esquina, ella tan llena de vida como pesares, pero feliz. Sus pensamientos se asoman por arriba de su despeinada cabellera, sonríe porque le ha visto, porque ha hablado con él, intenta guardar detalle a detalle la luz de los ojos del otro, saborea la piel lozana que probablemente nunca tocará y se regocija con la idea de verle de nuevo, de escuchar sus atentas palabras e imaginar cómo sería, porque ese es precisamente el motivo de su felicidad, visitar mundos imaginarios con quién ella quiera.

viernes, 7 de junio de 2019

Pucca

A Pucca la edad ya se le nota y me hace pensar en en tiempo que pasamos juntas. Cuando recién llego a mis brazos era muy tímida y no sabía lo que sucedía. El cambio fue grande para ella, también para mí y para mí círculo cercano. Aprendimos a ganarnos su confianza y yo a cuidarla. Incontables veces se escapaba de casa, traspasa cualquier obstáculo como una buena amazona, salía y buscaba aventuras por las calles cercanas, muchas veces salimos a buscarla y ella entendió que éramos su manada, que debía cuidarnos. Así lo hizo, mostró una gran capacidad para ser la cuidadora, y también comenzó a amarnos. Hemos tenido muchas aventuras juntas, cómo la primera vez que la lleve a socializar con otros perros caseros. Ella se quedó en los alrededores porque no sabía cómo interactuar, a pesar de ello, con las diversas visitas aprendió a integrarse y hasta hizo amigos. Verla correr era un placer, le daba "el mal del conejo", ella corría con todas sus fuerzas y si hubiéramos detenido el tiempo, nos hubiéramos dado cuenta de que en realidad volaba. Pero los años han pasado y ella ahora está cansada, aún tiene muchas puntadas y nuestra conexión es tal que me habla con la mirada. Ahora se la pasa en el país de los sueños, a veces pienso que tiene tantas aventuras que le cuesta regresar a este mundo. A pesar de su buen apetito, es difícil sacarla a pasear porque está cansada, aún así si la manada sale junta, ella aprovecha y hace el esfuerzo, aunque después tenga que dormir toda la tarde. Pucca sigue en pie y da su amor a quien se lo pida de la manera correcta, enseña a su hermana menor y disfruta la vida. Pero a veces es difícil verla envejecer a un ritmo más rápido que el mío, aún así seguiremos juntas, por cierto este año cumple 11 años en mi manada y 14 de vida. Larga vida a Pucca.

martes, 26 de febrero de 2019

Entre nuestras ramas

El tintineo de la luz me avisa que ya está pronta la partida, es momento de despedirse, para quizás no encontrarnos nunca más.
Yo intento con todas mis fuerzas prolongar el tiempo en tu mirada, intento clavar mis uñas en tus dedos para no soltarte y que mis raíces atraviesen tus pies, fundirnos entre savia, carne y resina.
Alargo mis brazos y crujen mis entresijos porque mi corazón está a punto de salirse del pecho para entregarse a tus oscuros ojos.
Las estrellas nos bendicen y por este ardiente amor no te dejare partir, serás eternamente mía. Cada vez que los enamorados pasen por entre nuestras ramas se entregarán a la esperanza de que el amor todo lo puede, y les regalaremos una florecilla con olor a nostalgia para nutrir sus almas.
Azul ámbar

viernes, 18 de enero de 2019

Quisera ser...

Quisiera ser colombófila para que mis pensamientos llegarán a tus ojos surcando los cielos. ¡Adiós paloma negra, dile que le quiero! Alba

lunes, 14 de enero de 2019

Vida y muerte

La humedad de aquella tierra sube poco a poco desde la punta de los pies hasta los ojos y los llenan de lágrimas. Al mismo tiempo, uno trata de calentarse el cuerpo con un poco de oloroso café o tal vez un té de frutas, líquidos humeantes que calman el alma y nos hacen olvidar por un breve instante el motivo de la reunión. Sin embargo, el frío hace de las suyas y los sentimientos vuelven a brotar, unos intentan fijar su atención en la conversación del otro, quizás en las brasas bajo las ollas repletas de sabores caseros; mientras una de las tías mueve incensacentemente el contenido de una cazuela llena de gotas de ajonjolí y chile colorado que servirán de consuelo para los más agobiados; más allá los platos repletos de sabrosas papas comienzan a circular, ¡Que nadie se quede sin comer! Qué la espera es larga y tendremos que amanecer acompañando. Manos femeninas apuran los diversos guisos y se mueven con la cadencia milenaria de los riachuelos que cruzan las verdes lomas. Las voces masculinas se prestan para cualquier contingencia, porque la espera será larga, pero la presencia es importante. No falta el aguardiente para calmar las gargantas secas por la pena, alcohol que quema las ganas de llorar por el recuerdo del aquel que recién ha partido.
Vamos a recibir a los que van  llegando con sus ofendas de amor, vamos a convidar el pan, vamos a compartir el rezo y las palabras de aliento. Hasta las estrellas hacen acto de presencia, la bóveda celeste nos recuerda nuestro lazo con el universo y el destino final de la vida en la tierra.
Y así las horas pasan, hasta que, a pesar del agotamiento, llega la mañana y el sol nos somete a un nuevo día, al momento de la despedida final, al retorno a la tierra. Uno a uno se realizan los ritos, las cruces, las monedas, la ceniza, el agua bendita, todos los que quisieron al fallecido le dedican un momento frente a  frente, palabras, lágrimas, lamentos y largos pensamientos. La procesión comienza y llegamos a la última morada, dónde todo está preparado, los sollozos no se hacen esperar y se mezclan entre las manos y las sonrisas de los niños, cruzan todos los caminos, penetran en la tierra y la hacen reblandecer, la preparan para recibir un cristiano más. Así las ánimas nos rodean y nuestros pechos se envalentonan para dar el último paso de esta jornada,
¡adiós padre, adiós abuelo, adiós compadre, adiós tío Juan, buen viaje, algún día nos volveremos a encontrar!
Mientras tanto mi abuela acaricia sus trenzas y anima a su hijo a ir con ella, pasa sus manos morenas sobre los rostros de sus hijos e hijas aún vivos y se regocija con los olores de los frijoles negros con ajonjolí y cilantro y de alguna manera todos entendemos la instrucción, debemos comernos nuestra pena. Mi abuela y mi tío se desvanecen con el viento y nosotros compartirnos el chile y el maíz.
A cada taco, a cada bocado, a cada sorbo, las lágrimas se secan y la pesadez parece menor. Las manos se estrechan, los abrazos se reparten y nos damos un hasta luego. La familia es familia y el amor por la vida permanece.