viernes, 29 de septiembre de 2017

Mi viejo

Ayer no tuve más que presionar un botón invisible y me solté a llorar, durante más de dos horas mis ojos producían agua enriquecida en sales, provenientes de la nostalgia y tristeza que se engendran cuando uno pierde a un hijo, a mi pequeño Corso. Mi viejo se fue de mi lado hace más de un año y yo no había tenido oportunidad de llorar por acuerdo mutuo, pero ayer con la muerte de otro perro utópico se vino a la memoria mi propia perdida y las lagrimas intensas que habían quedado atrapadas entre mis quehaceres diarios y mi urgencia por no caer más, salieron a chorro empujando cualquier intento de sellarlas de nuevo. Mi adorado viejo-cangrejo, mi rayito de luz, mi corazón siempre estuvo en vilo por esos ojitos de capulin, mi can-equino me dejaste un hueco en el alma lleno con los mejores años de tu vida.

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