La niña dejó este mundo comenzando el día.
¿Cuantas cosas debía vivir que ahora se ha perdido?
Ella con sus hermosos rizos color ambar
nos dio un hermoso regalo,
una pequeña florecilla
testimonio de su paso por la tierra.
La niña frágil como una orquídea
llenaba los corazones
de quienes la rodeábamos con su presencia.
En una cama postrada se aferraba a la vida
y con su último aliento sólo pensó en su hija,
su madre la miró fijamente
y se la entregó a su Dios,
tal como lo había hecho
cuando la sintió por primera vez en su vientre.
La niña recorrió por última vez
las calles de ese bendito pueblo
seguida de la gente que la amaba,
las cigarras cantaban,
el otoño aparecía,
el final estaba escrito en el viento.
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