Su delgada silueta, la juventud de su frente, los ojos cansados por las jornadas pero con una claridad inmensa. Sus delicadas formas rematadas en una cintura apretada, sus cabellos ondulados enmarcando una sonrisa esquiva. Ella se recreaba gustosamente con su presencia e imprimia cada detalle en su memoria. Al menos en el pensamiento podría recorrerle sin vergüenza alguna, cada espacio en la piel, cada palabra pronunciada. Él ya era parte de su imaginario, de infinitos mundos dónde sería prosa y poesía al mismo tiempo, dónde le adoraría sin remordimientos.
Me encantó! Muchas gracias por compartir Rox!
ResponderEliminarGracias a ti por leerme.
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