sábado, 1 de octubre de 2016

Una cocina de mi tierra.



Una cocina llena de gente, de mujeres, de hombres, de vidas nuevas, de largas historias. Una cocina repleta de comida, con olores y sabores conocidos pero deliciosos. Una cocina de varias generaciones departiendo la vida. Una cocina enriquecida por los sazones de las madres, abuelas, tías, primas, hijas y hermanas. Una cocina que recuerda que la vida se disfruta junto a los tuyos. Una cocina repleta de anécdotas, testimonios y recuerdos.
Una cocina donde comes, tomas y ayudas. Una cocina que ofrece lo que no se tiene en el año, pero que hoy abunda. Una cocina donde todos queremos aportar. Una cocina como la de la abuela, llena de pasión y sentimiento.
Una cocina repleta de memorias dentro de las ollas y las cazuelas. Una cocina donde el café es la fuente de la vida y el chile la tradición misma. Una cocina donde los vivos se revitalizan con caldos de amor y los muertos se deslizan por las rendijas para vernos disfrutar la vida.
Una cocina donde las tortillas son mestizas y hechas a mano. Una cocina donde el frio es abatido por el bracero y el calor humano. Una cocina donde todos nos miramos y nos reconocemos como ramas del mismo árbol.
Es esa cocina de mi familia, la que me enseño la abuela y la que tanto se extraña tener.
Azul

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