Morir de hambre. El tema me ha
derretido el corazón. Saber que una mujer no encontró mejor camino que la
muerte para ella y sus dos hijos. ¿Por qué? Pero al final lo entiendo, entiendo
como el corazón pierde la alegría de vivir en este mundo al verse cercado por
el estrujante contexto. Morir cerca de la cama de tus hijos, ¿hubo arrepentimiento
en los últimos momentos?
Y los chicos perdieron la
oportunidad de saltar las malas experiencias y alcanzar nuevas fronteras. De eso
se trata la vida ¿no es así? Pero ella debió estar tan ahogada en su soledad y frustración
hasta el punto en el que creyó que sus hijos también estaban perdidos en esta
realidad.
¿Y si mi madre hubiera hecho eso
con nosotras? Ella, a pesar de todo, se enfrentó al mundo, a la realidad, al
contexto, de forma valiente o sólo porque sabía que nuestras vidas dependían de
ella ¿o porque era pecado? Pero de todas maneras crecimos junto a ella, con
todas nuestras faltas y carencias. ¿Y mi hermana? Cuantas veces no ha tenido en
mente irse de este mundo junto a su hijo al no soportar la situación que la oprime.
¿Y mi prima? Con sus cinco hijos nacidos bajo la ignorancia y la pobreza, a
pesar de todo se mantiene de pie, tambaleante, pero de pie. ¿Y mi abuela? Con
todos las palizas encima y sus doce hijos en los brazos, azotados por el hambre,
las carencias y todas las vicisitudes de esta descarada sociedad.
Esa madre que murió con sus hijos
también lo hizo por ellos. Se vio cercada por la desesperanza y la soledad. ¿Y qué
hay del padre que dejo a los hijos a su suerte? ¿De los abuelos y abuelas, tíos
y tías? ¿Qué hay de nosotros como sociedad frivolizando la muerte de tres
personas?
Siempre he criticado la estructura
familiar en la que crecí, como crecí y todas las carencias que tuve. Siempre he
sido dura con mi madre, con mis hermanas y sus hijos e hijas. Siempre me he vanagloriado
de tratar de romper cadenas, estructuras y cambiar mi realidad y la de los que
me rodean. Pero tal vez he olvidado reconocer las buenas cosas en la familia.
Ese gusto al vernos juntos, esa simpleza con la que se toman la vida. Esas
costumbres que nos unen aunque estemos separados.
Las mujeres en mi familia también
han seguido la tradición de ser madres, no importa la edad, el estatus social o
la suficiencia económica, casi todas son madres, incluso las más jóvenes. Han sabido
llevar la tarea con fortaleza, la mayor parte de las veces no ha sido su elección
entre una variedad de alternativas, sino su única opción. Por lo que el sufrimiento
cotidiano por la falta de posibilidades está presente, todas ellas se dan
cuenta con la edad, pero no queda más que aceptar la realidad y seguir avante. Y
las vicisitudes son muchas, pero a una madre mexicana no se le permite arrepentirse
o tomar otro camino por mejor que este sea, siempre tienen que quedarse y
aguantar.
Por eso es que esa madre se llevó
a sus hijos consigo, por no abandonar su cruz, por no dejar a sus hijos a la
deriva. Es la máxima expresión de amor, unidos por siempre a pesar de que el destino
fue el más aterrador. No estamos generando opciones para madres y padres solteros.
No estamos generando opciones para niños pobres, no hay trascendencia ni
futuros brillantes para los desamparados.
¿Cómo nos permitimos llegar a este
punto?
https://news.vice.com/es/article/pobreza-mata-suicidio-madre-mexicana-llevo-hijos
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