jueves, 22 de mayo de 2014

En algún lugar.

Tal vez es otro mundo. De pronto la excitación se siente en todos los poros. No importa la distancia, sólo llegar. Con su nueva piel sobre sí misma, siente las texturas una por una. Camina con cautela desde donde ha dejado sus pertenencias. También olvidó el pudor. Simplemente anda hacia una nueva experiencia.
Lo importante por ahora es comenzar a moverse, escucha una serie de señales repetidas de lo que tiene que hacer. Pero ella está inquieta, aunque no se nota su nerviosismo.
Es momento. Alzando las manos se tira al vacío. La nada llena de vida. Se siente tan cómoda. Esos poros encendidos ahora se relajan. Entran en contacto con otra materia, con otra textura. Tan suave, tan delicada, un medio distinto.
La simpleza de la nueva energía que recorre su cuerpo la seduce siempre. Es inevitable regresar a este medio. Siempre quiere más. Estar así, la hace olvidar el mundo de donde proviene. Los sentimientos cambian, ella se vuelve una consigo misma.
El tiempo es líquido, se le resbala de las manos. Y ella tiene que regresar a su realidad. Transformarse una vez más a través de un ritual purificante. En este espacio, se desmenuzan todos los sueños, aspiraciones, las preocupaciones. Se siente una atmosfera de complicidad, en todos los sentidos.

Y así, termina, se despide y se aleja. Con la esperanza del día de mañana.

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