Tal vez es otro mundo. De pronto
la excitación se siente en todos los poros. No importa la distancia, sólo
llegar. Con su nueva piel sobre sí misma, siente las texturas una por una.
Camina con cautela desde donde ha dejado sus pertenencias. También olvidó el
pudor. Simplemente anda hacia una nueva experiencia.
Lo importante por ahora es
comenzar a moverse, escucha una serie de señales repetidas de lo que tiene que
hacer. Pero ella está inquieta, aunque no se nota su nerviosismo.
Es momento. Alzando las manos se
tira al vacío. La nada llena de vida. Se siente tan cómoda. Esos poros encendidos
ahora se relajan. Entran en contacto con otra materia, con otra textura. Tan
suave, tan delicada, un medio distinto.
La simpleza de la nueva energía
que recorre su cuerpo la seduce siempre. Es inevitable regresar a este medio.
Siempre quiere más. Estar así, la hace olvidar el mundo de donde proviene. Los
sentimientos cambian, ella se vuelve una consigo misma.
El tiempo es líquido, se le
resbala de las manos. Y ella tiene que regresar a su realidad. Transformarse
una vez más a través de un ritual purificante. En este espacio, se desmenuzan todos
los sueños, aspiraciones, las preocupaciones. Se siente una atmosfera de
complicidad, en todos los sentidos.
Y así, termina, se despide y se
aleja. Con la esperanza del día de mañana.
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