Las hojas caen y se convierten
en un espectáculo de pequeñas bailarinas
en un acto de remolinos al azar.
El sol brilla y cae suavemente
sobre el verde y húmedo pasto.
El aire de la mañana llena mis pulmones
y me incita a dormir
bajo las cálidas sombras
de los viejos árboles.
Estaba en medio de un iluminado jardín, en la Universidad Central de Venezuela. Serían las 10 de la mañana. Estaba a punto de dormir, sin mayor preocupación. Me sentía como en casa.
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